La buena suerte se ha de buscar. Yo, quizá de forma inconsciente seguramente la encontré. Me vine a vivir al sitio adecuado en el momento preciso. Eso sí, a veces, o te andas al loro o te quedas sin nada. Aunque esta vez no fue así y las entradas estuvieron con la suficiente antelación.
Mark Knopfler…que barbaridad¡¡¡, no me lo puedo creer…el mismísimo, mi idolatrado antaño, ese guitarrista al que siempre quise parecerme(incauto de mi), ese tío que sin púa a la guitarra le hacia cosas que me rompían los esquemas cuando , aprendiendo yo a tocar, quería emular su destreza.
El escenario es un plaza de toros con cubierta retráctil, eso sí, en mi vida he oído un concierto con peor acústica, probablemente obedece a que son demasiadas estructuras metálicas que reverberan el sonido ahogándolo en su nitidez.
No importa, el testimonio está ahí, estuve a unos metros del escocés viendo como la gente se rendía a sus pies. Más de 8000 personas allí metidas viendo a uno de los grandes de la historia del rock. Lo cierto es que una semana antes tuve su último disco en el coche para familiarizarme con él, que queréis¡¡, no me fiaba, no es la primera vez que me dejan con la miel en los labios y alguno de estos se tira el moco tocando su nuevo trabajo, cuando lo que todos queremos es que tire de clásicos y se deje de tonterías. Pero no fue así, tiro de clásicos y fue a base de bien, uno tras otro, y otro más …y así hasta el final.
Es lo que nos queda en el cuerpo. Esos momentos que, probablemente, puedas vivir sin ellos, pero si los disfrutas, son una muesca más en el revólver. Llegará un día en que cuando dispare no quedarán balas…y será entonces cuando tendré que conformarme con ver los triunfos pasados, no será definitivo, pero no hay nada como saber…que YO ESTUVE ALLI.
















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